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¿Adaptación o preparación?

En la sala de prensa, tras un partido espeso y áspero, Marcelino fue claro: “No supimos adaptarnos al partido que planteó el Getafe”. Una frase que explica parte de lo ocurrido, pero que abre una pregunta más profunda: ¿fue un problema de adaptación sobre la marcha o de preparación específica ante un rival con un estilo perfectamente reconocible?

El Getafe CF no improvisó nada. Jugó su fútbol. El mismo que ha exhibido durante toda la temporada: bloque compacto, líneas juntas, agresividad en los duelos, juego directo cuando el contexto lo exige y una gestión emocional del partido que incomoda al rival. No hubo sorpresa táctica. No hubo giro inesperado. Hubo coherencia.

Y, sin embargo, el equipo de Marcelino nunca encontró el ritmo.

Desde el primer minuto, el Getafe llevó el encuentro al terreno que más domina: interrupciones constantes, disputa aérea, segundas jugadas y presión sobre el poseedor. Cada intento de construir desde atrás fue una invitación al error. Cada balón dividido se convirtió en una batalla. El partido no fue estético, pero sí tremendamente controlado por quien lo diseñó.

Aquí surge la cuestión de fondo. Adaptarse implica reaccionar a lo imprevisto. Pero lo del Getafe no fue imprevisto. Su identidad competitiva está consolidada desde hace meses. Si el plan del rival es conocido, repetido y estudiable, ¿es justo hablar solo de falta de adaptación?

Quizá el problema fue que el equipo no logró imponer su propio plan. La posesión fue estéril, las bandas no generaron superioridades y los delanteros quedaron aislados entre centrales que dominaron el área. Cuando el guion del partido se inclinó hacia el contacto y la fricción, la respuesta fue más emocional que estratégica.

Marcelino tiene razón en una cosa: sus jugadores no supieron leer el contexto. Pero en el fútbol de élite, la lectura empieza mucho antes del pitido inicial. Empieza en el análisis previo, en los entrenamientos específicos, en las simulaciones de partido durante la semana.

El Getafe no cambió. No necesitó hacerlo. Ejecutó su libreto con disciplina. El rival, en cambio, pareció sorprendido por algo que llevaba meses a la vista.

En definitiva, el debate no es solo táctico, sino conceptual. Cuando un equipo no logra desenvolverse ante un estilo tan definido, la línea entre adaptación y preparación se vuelve difusa. Y en esa zona gris es donde Marcelino y su cuerpo técnico deberán reflexionar.

Porque en el fútbol, como en la estrategia, lo previsible también exige respuestas.

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