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Bochorno de Champions

La Champions League volvió a desnudar las carencias de un Villarreal irreconocible, incapaz de competir en una fase de grupos que, sobre el papel, ofrecía una oportunidad real para avanzar. El conjunto amarillo firma un dato tan contundente como demoledor: 1 punto de 18 posibles, la peor actuación europea del club en más de una década.

Lejos de la imagen competitiva que históricamente ha mostrado en el continente, el Villarreal se vio superado desde la primera jornada por rivales considerados, en teoría, de menor nivel. Derrotas ante equipos modestos, fallos individuales inexplicables y un plan de juego sin identidad marcaron una campaña europea que quedará grabada como uno de los capítulos más dolorosos del club en torneos internacionales.

La falta de contundencia en las áreas volvió a ser el gran lastre. En defensa, el equipo encajó goles evitables partido tras partido; en ataque, la producción fue mínima, sin capacidad de generar peligro sostenido. Ni los ajustes tácticos ni los cambios de piezas lograron dar con la tecla. El Villarreal se mostró frágil, desconectado y sin la determinación necesaria para competir al máximo nivel.

La derrota en casa contra el Copenhague, fue el reflejo perfecto de la campaña: un equipo superado, sin respuestas y sin capacidad de reaccionar ante rivales que aprovecharon cada debilidad amarilla. La sensación general entre la afición es de decepción profunda, no solo por los resultados, sino por la falta de carácter que mostró el equipo en una competición donde históricamente había firmado noches memorables.

Ahora, el club afronta una reflexión obligatoria. ¿Qué ha fallado? ¿Qué cambios deben realizarse para que el Villarreal vuelva a ser ese conjunto competitivo y respetado en Europa? Lo cierto es que esta edición de la Champions deja una herida abierta, un recordatorio de que, sin intensidad, planificación y ambición, ningún nombre pesa más que los hechos sobre el campo.

La temporada continúa, pero el golpe europeo es duro. Un aviso claro de que, para volver a estar entre los grandes, el Villarreal deberá reconstruir su identidad y aprender de una participación que, por méritos propios, solo puede calificarse como lamentable.

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Submarino Amarillo